Un año de guerra

1941-06-11 - Benito Mussolini


Camaradas, el de hoy es un día

solemne y memorable. Hace

justo un año entramos en la

guerra. Ha sido un año lleno

de acontecimientos, vertiginosas

circunstancias históricas;

un año durante el cual los soldados italianos

de tierra, mar y aire han luchado con heroicidad,

sobre todo en los frentes de Europa

y África.

En vista de los incuestionables documentos

que han salido a la luz pública, ya nadie

duda que entre Italia yGrecia debería producirse

un ajuste de cuentas. Los periódicos atenienses

empiezan por fin a desvelar el trasfondo

criminal de la política griega. Desde el mes

de agosto de 1940, he probado que Grecia ya

no mantenía ni siquiera la apariencia de neutralidad.

En esas mismas fechas vivimos un

periodo de tensión, seguido de unos pocas semanas

de calma.

Así pues, el 15 de octubre se acordó de

forma unánime acabar con las indecisiones y

entrar en el campo de batalla a finales de ese

mes.

Fue algo matemático, en abril, aunque no

ocurriera nada que transformase la situación

de los Balcanes, el ejército italiano habría atacado

y aniquilado al ejército griego.

Para no faltar a la verdad, es justo afirmar

que muchos destacamentos griegos lucharon

con valentía. Más aún, resulta triste declarar

que el ejército heleno no habría aguantado

seis meses en el campo de batalla de no ser

por la ayuda de Inglaterra. Las fuerzas griegas

recibieron provisiones, suministros y armamento

de los ingleses. Los aviones procedían

de Gran Bretaña, así como los carros antiaéreos

y la artillería. Al menos 60.000 ingleses

se contaban entre las filas, y grupos especiales

flanqueaban al ejército griego.

En cuanto al suministro de material, la

aportación de Turquía fue modesta. Su valor

no alcanzaba los dos millones de libras

turcas.

Mientras las tropas italianas luchaban por

derrotar al ejército griego, Yugoslavia expresó

en forma de golpe de Estado sus verdaderos

sentimientos. Por tanto, el estallido de la

guerra del Eje contra Yugoslavia fue inevitable.

Las tropas del Eje actuaron en conjunto

con la rapidez del rayo. Mientras el Segundo

Ejército de los Alpes avanzaba a lo largo de la

costa dálmata a una marcha forzada que puso

a prueba la resistencia de nuestros soldados,

los griegos se retiraron a la retaguardia e intentaron

una treta de última hora al estilo de Ulises

para retenernos en la frontera con Albania:

ofrecieron el armisticio a los alemanes y

no a nosotros.

Yo los llamé con contundencia a la razón y

al final se retiraron de forma incondicional.

En cuanto a Yugoslavia, reveló casi de inmediato

la incoherencia y lo que tal vez pueda

llamarse “falsedad” de su organismo estatal

en el tercer Estado mosaico creado de manera

artificial en Versalles. Con su cometido

exclusivamente antiitaliano se hace añicos al

primer golpe.

El ejército yugoslavo para el que París y el

círculo de la Pequeña Entente ha creado una

reputación de “invencibilidad” quedó fuera

de juego tras los primeros ataques. Los ingleses

hicieron unas cuantas apariciones más en

el campo de batalla, pero descubrieron que

sus pies también se abrasaban al pisar suelo

heleno y abandonaron –huyendo por la habitual

ruta marítima– la agonizante Grecia.

Las consecuencias políticas y militares provocadas

por la eliminación de Inglaterra de

su últimas bases en Europa han cambiado de

forma radical el mapa de esa zona –lo han

cambiado para mejor, sobre todo si nadie

pierde el sentido de la proporción–; es decir,

lo han cambiado para convertirlo en una disposición

más razonable de acuerdo con la justicia,

que tiene en cuenta todos los elementos

que participan en su constitución y que suelen

entrañar problemas. En este aspecto tampoco

ha sido posible conseguir una disposición

perfecta en todos los sentidos. Sin embargo,

no hay que esperar que estas cuestiones se

resuelvan de forma absoluta.

Bulgaria se anexiona Macedonia, que es

mayoritariamente búlgara, y Tracia occidental.

Hungría ha ampliado sus fronteras y Alemania

ha llevado las suyas hasta la ribera

izquierda del río Sava. El resto de Eslovenia

se ha convertido en una provincia italiana

con un régimen especial. El mayor reto político,

uno al que hemos de enfrentarnos tanto

en el este como en el oeste, es combatir el

desempleo.

Con la anexión de casi todas las islas de la

costa Dálmata, con la creación de las dos provincias

de Split y Kotor, y la ampliación de la

antigua y fidelísima Zara, el problema dálmata

puede considerarse resuelto, sobre todo si

tenemos en cuenta las relaciones entre los reinos

de Italia y Croacia, cuya corona ha sido

ofrecida a un Saboya-Aosta.

De haber querido podríamos haber ampliado

nuestras fronteras desde los montes Velebit

hasta los Alpes albaneses, pero, en mi

opinión, habríamos cometido un error. Sin

tener en cuenta a otros, habríamos introducido

en nuestras fronteras varios cientos de

miles de elementos extranjeros hostiles por

naturaleza.

La conquista de Creta pone a disposición

del Eje un espacio aéreo y unas bases navales

muy próximos para ataques a gran escala en

la costa egipcia. La vida jamás será más complicada

para las fuerzas navales inglesas instaladas

en las bases de Egipto y de Palestina.

Alcanzaremos nuestro objetivo, que consiste

en expulsar a los británicos del Mediterráneo

oriental, y con ello daremos un paso de gigante

hacia un epílogo victorioso de la guerra.

La colaboración entre las potencias del Pacto

Tripartito está en marcha. Pero, lo que es

más importante, la colaboración entre Alemania

e Italia ya está en marcha.

Los ridículos rumores con los que se especulaba

sobre eventuales fricciones o disensiones,

producto de mentes estúpidas que llegaron

incluso más allá, como es el caso del primer

ministro inglés en su discurso de Nochebuena,

han quedado relegados al silencio.

A esto se suma el que Japón está en perfecta

armonía con el Pacto Tripartito. Los japoneses

son un pueblo orgulloso y leal que no

permanecería indiferente ante la agresión estadounidense

contra las potencias del Eje.

Con el resto de potencias incluidas en el

Pacto Tripartito, es decir, Hungría, Eslovaquia,

Rumania y Bulgaria, la relaciones son

más que cordiales incluso en los casos en los

que no existen acuerdos políticos especiales.

En cuanto a Turquía, este país ha rechazado

hasta ahora todas las invitaciones inglesas.

El presidente Inönü ha presenciado el trágico

destino que les depara a todas las naciones

que de alguna forma se han confiado a Gran

Bretaña.No obstante, quisiera aprovechar esta

ocasión para decirle al presidente Inönü

que Italia pretende seguir con Turquía esa

política de comprensión y colaboración que

fue inaugurada en 1928 y que para nosotros

continúa vigente.

Aunque España y Turquía se mantengan al

margen de la lucha, existe un Estado allende

los mares cuya participación parece probable.

Es bueno que se sepa que la intervención

estadounidense no nos molesta en exceso.

Una declaración de guerra específica no cambiaría

la situación presente, que es una guerra

de hecho, cuando no de derecho. La intervención

estadounidense, en caso de que se produjera,

llegaría tarde, y aunque no fuera así, tampoco

eliminaría los factores del problema. La

intervención estadounidense no otorgará la

victoria a Gran Bretaña, sino que prolongará

la guerra; no limitará el alcance del conflicto,

sino que lo hará cruzar los océanos; transformará

el régimen de Estados Unidos en un régimen

autoritario, que será totalitario en comparación

con el de sus precursores europeos

–los fascistas y los nazis–, quienes se sentirán

superados y perfeccionados con creces.

Cuando se quiere mencionar a un dictador

en el puro sentido clásico de la palabra, se cita

a Sila. Sila nos parece un modesto aficionado

comparado con Delano Roosevelt.

Mediante un acuerdo con el mando alemán,

la práctica totalidad de Grecia, incluida

Atenas, será ocupada por las tropas italianas.

Esto se nos presenta como un grave problema,

sobre todo desde el punto de vista del suministro

de víveres, aunque debemos enfrentarnos

a él intentando aliviar tanto como

sea posible las miserias infligidas al pueblo

griego por sus gobernantes, subordinados de

Londres, y teniendo en cuenta que Grecia se

reincorporará al espacio vital mediterráneo

de Italia.

Desde la batalla de Keren, los ingleses han

anunciado en numerosas ocasiones que la

campaña en la África italiana podría considerarse

más o menos concluida. Sin embargo,

tras la batalla de Keren tuvieron que atacar

Amba Alagi, donde la resistencia italiana alcanzó

cotas épicas por segunda vez. Tras la

caída de Amba Alagi, los ingleses volvieron a

proclamar que todo había terminado. Pese a

ello, a día de hoy siguen luchando. Hay tres

zonas en las que las barricadas de nuestros

ejércitos continúan dando guerra a los ingleses:

Danakil, Jima y Gonder.

No podemos predecir cuánto más puede

durar, pero es seguro que la resistencia será

forzada hasta los límites de lo humanamente

posible.

Incluso la conquista completa del imperio

por parte de los ingleses no tiene la importancia

decisiva cara al final de la guerra. Ésta es

una venganza de carácter estrictamente personal

que no influye en los resultados de una

guerra que ha abierto brechas incluso más

profundas entre Italia y Gran Bretaña. No

puedo deciros hoy ni cuándo ni cómo, pero

sostengo de la forma más categórica que regresaremos

a la tierra bañada con nuestra sangre

y... vengaremos a nuestros muertos.




Enviado por Enrique Ibañes