Discurso de Le Bourget

2012-01-22 - François Hollande


Mis queridos amigos, vosotros que estáis aquí, que me miráis desde lejos, incluso desde la distancia, estoy aquí para hablar de Francia, y por lo tanto de la República. Estoy aquí para hablar de la Francia que sufre, pero también la de Francia de la esperanza. Estoy aquí para hablar de la Francia de hoy -una página a punto de desaparecer- y de la Francia del mañana - la que estamos escribiendo. Estoy aquí para hablar de la Francia que vamos a construir el 6 de mayo. Estoy aquí, en Siene-Saint-Denis, este departamento con múltiples colores, el más joven de Francia, que acumula tantas dificultades y al mismo tiempo goza de tantos puntos fuertes.

Cada una y cada uno de los aquí presentes, de los que están lejos, cada uno tiene su historia, sus raices, su carrera, sus preferencias, su singularidad. Pero todos nosotros pertenecemos a la misma nación, a sus valores, sus principios, su cultura, su lengua, sus instituciones, por lo que aspiramos al mismo futuro. Comienza el objetivo de esta campaña, que no es ir en la búsqueda de un enfrentamiento partidista. El objetivo de esta campaña va mucho más allá de nosotros, de la izquierda. El objetivo de esta campaña, a tres meses de la primera ronda, es Francia. Siempre se trata de Francia.

Reunido ante vosotros, gran multitud, miles, siento la profunda emoción que expresan vuestras creencias, vuestras voluntades, vuestra esperanza. Mido el orgullo de haber sido nombrado por los ciudadanos como el principal candidato para la elección presidencial. Soy consciente de cuál es mi tarea: ser el cambio, conseguir la victoria de la izquierda y restaurar la confianza de Francia.
Estamos aquí, queridos amigos, para cambiar el destino de nuestro país. Estoy dispuesto a asumir esta responsabilidad y, por tanto, les diré cual es mi concepción de la Presidencia de la República y que significa para mi el presentarme aquí hoy. ¿Existe acaso mayor misión que la de presidir la República Francesa?

Presidir la República es dedicarse al interés general, en donde debe proceder cualquier decisión. Esta es la experiencia de Francia por su razón y su corazón. Es prolongar la historia de nuestro país, que viene de lejos, de antes de la República y con la República, que a menudo, tan a menudo, ha iluminado al mundo. Esta es la altura fijada. Es mostrarse digno, en todas las partes y todos los lugares y todas las acciones que requiera la presidencia.

Presidir la República es preservar el Estado, su neutralidad, su integridad, frente al poder del dinero, del clientelismo y del comunitarismo.

Presidir la República esta estar profundamente unido al laicismo, ya que es un valor que libera y que protege. Y es por ello que suscribo el Acta de 1905, aquella que separa a la Iglesia del Estado, presente en la Constitución.

Presidir la República es rechazar todo aquello que procede de un solo hombre, de un solo razonamiento, de una única parte que puede devenir en un clan. Presidir la República es engrandecer los derechos del Parlamento. Es reconocer a la colectividades locales en su libertad. Es acometer un acto más de descentralización. Es promover a los interlocutores sociales. Es reconocer su papel en la Constitución. Se trata de involucrar a los ciudadanos en los grandes debates que les afectan, y el primero de ellos será el devenir de la energía en Francia.

Presidir la República es elegir a las mujeres y hombre que gobernarán Francia y respetar sus derechos, al igual que los del Primer Ministro. Presidir la República es estar dispuesto a compartir el poder que otorga el nombramiento para el cargo más alto. Es también no nombrar nunca al presidente o presidentes de los canales de radiodifusión de los servicios públicos audiovisuales y dejar esa tarea a una autoridad independiente.

Presidir la República es democratizar las instituciones. E introduciré la no acumulación de mandatos por parte de los Parlamentarios y una parte proporcional de la Asamblea Nacional, la paridad en el ejercicio de las responsabilidades y el derecho de los extranjeros a votar en las elecciones locales, sin miedo para nuestro ciudadanos, fomentando la cohesión del país, dejando de lado los miedos, la cautela y el conservadurismo.

Presidir la República es hacer cumplir las leyes, para todos y en todas partes, sin el favor de los familiares ni que la debiliten los poderosos, garantizando la independencia de la justicia, eliminando cualquier intervención sobre los negocios de la energía, preservando la libertad de prensa y la protección de las fuentes de información, ni usar la información o la policía con fines personales. Presidir la República es ser impecable en la lucha contra la corrupción. Y ¡ay de los funcionarios que sucumban a ella! Presidir la República es reconciliarse, unirse, sin perder en ningún momento la dirección a seguir. Es eliminar el estigma, la división, la sospecha y los conflictos entre los franceses, esos que estarán allí siempre, que estarán por menos tiempo.

Presidir la República es no levantarse ni rebajarse nunca. Presidir la República es ser firme, firme incluso en lo relativo a la inmigración ilegal y aquellos que la explotan. Pero se ha de tratar con dignidad a aquellos extranjeros en situación regular y también a aquellos que aspiran a serlo sobre la base de criterios objetivos. Se trata de darle la bienvenida a los estudiantes extranjeros que quieren aprender en este país para enriquecerlo e irradiar a Francia. Y nadie debe impedir sino más bien ayudar a la circulación de los estudiantes, académicos o artistas que vienen aquí a dar lo mejor de si mismos.

Presidir la República es llevar los valores de Francia al mundo. Es respetar a los demás pueblos para que ellos nos devuelvan su estima. Es abstenerse de dar lecciones y comprender su lugar en la historia. Es no olvidar nunca los fundamentos del genio francés, que son el espíritu de libertad, los derechos humanos, el compromiso con la diversidad cultural y con la lengua francesa, esa hermosa lengua hablada por muchos otros más que los franceses solo. Presidir la República significa no invitar nunca a los grandes dictadores a París. Es utilizar nuestro asiento en el Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas para decretar la salida del poder de aquellos que aplastan a su pueblo, como Bashar Al-Assad en Siria. Es luchar de forma incansable por la paz en Oriente Medio.

Presidir la República es saber tomar decisiones difíciles, no solo a raíz de una tragedia. Pienso en nuestro muertos en Afganistán, a los que quiero rendir un homenaje aquí, con emoción, dignidad y respeto, como a todos los heridos que aún lo sufren en sus carnes. Pienso en los problemas de sus familias. Los he escuchado. Y pienso en sus seres queridos que se hacen preguntas. Estos hombres asesinados cumplieron con su deber... Su sacrificio infunde respeto a toda la nación. Pero también hay que tener la lucidez de afirmar, más allá de la dedicación de estos hombres con su país, que nuestra misión allí ya se ha completado. Se ha llevado a cabo durante más de diez años por Lionel Jospin y Jacques Chirac para un propósito específico, que era responder a los ataques terroristas contra los Estados Unidos. Yo la apoyé plenamente. Pero hoy nuestra misión ya está completa.

Es el momento de decidir nuestra retirada, y yo ya lo he decidido hace tiempo. Así que asumiré, si los franceses me dan su mandato, cualquier responsabilidad por la acción. Pondré sobre aviso a nuestros aliados y me aseguraré de que se lleve a cabo una retirada ordenada sin poner en peligro la vida de nuestros soldados.

Por último, presidir la República es dar lo mejor de uno mismo, sin esperar nada a cambio. Es ser ambicioso con su país y ser humilde con uno mismo. Consiste dedicarse plenamente a la causa que todos hemos escogido, la única causa que lo merece: la de servir a Francia. Presidir la República es poner el Estado al servicio de los ciudadanos.. Es dar ejemplo y comprometerse con su actuación y su propia remuneración. Y esto no lo digo simplemente por agradar o para complacer, sino porque esto tiene que ser un principio. Voy a reducir un 30% las asignaciones del Presidente y de los miembros del gobierno, ya que es necesario dar ejemplo en un momento en el que, precisamente, se les están pidiendo esfuerzos a nuestros ciudadanos.

Presidir la República es aquello para lo que me he preparado. Se el tamaño y la dureza de la tarea. Quiero ser digno de vuestra confianza y al mismo tiempo mantenerme fiel a mi mismo. Todo en mi vida me
ha preparado para este momento: mis compromisos, mis responsabilidades, mis éxitos, mis ensayos. Siempre siguiendo el camino que me había propuesto.

Soy socialista. No he heredado la izquierda. Me entregué a ella de forma lúcida. Yo crecí en Normandía en una familia bastante conservadora. Pero esta familia me ha dado la libertad para elegir, por su educación. Le estoy agradecido a mis padres. A mi padre porque aún teniendo ideas contrarias a las mías me ayudó a reafirmarme en mis convicciones. A mi madre, que es un alma generosa y me dió lo que me es más hermoso: la ambición de ser útil.
Yo elegí la izquierda porque era lo que me gustaba, soñaba con la conquista de François Mitterrand. Siempre defendía con firmeza los logros de la izquierda: los de 1981, los de 1988. La izquierda, a la que he servido como electo de la República, como diputado. La izquierda, que dirigí junto a Lionel Jospin, cuando nosotros gobernábamos el país con honor y reivindicamos los avances. Hoy soy yo quien os representa. Soy yo quien lleva vuestra esperanza. Soy yo el que tiene la obligación de ganar. Soy yo el que os conduce a la batalla para la victoria, después de tanto tiempo, diez años ya. Diez años en los que un derecho se ha instalado en el poder y deshizo todo lo que nosotros hemos construido.

Queridos amigos, dejadme que os diga más. Soy un electo de la Francia rural donde los agricultores demuestran la excelencia de su trabajo sin recibir a cambio lo que se merecen. Soy de Lemosín, en Corrèze, donde aprendí mucho. Fui alcalde de Tulle, una pequeña ciudad, de apenas 17.000 habitantes, pero grande en la historia, Tulle era una ciudad de la Resistencia. Sufrió el martirio de la guerra: 99 ahorcados y 200 deportados en el 9 de junio de 1944, tomada por la barbarie nazi. Cada 9 de junio, una procesión por las calles de la ciudad recordando la memoria de los torturados. Se cuelgan coronas de flores de los balcones,, en donde los cuerpos sin vida se balanceaban lentamente en el pasado. Tengo sus nombres en mi cabeza. Estos son mis héroes, nunca lo olvidaré, ellos hacen que siga adelante. Me recuerdan constantemente una hermosa lección de humanidad de aquellos que sacrificaron sus vidas, sus vidas por nuestra libertad. La resistencia no tenía celebridad, ni recompensa ni medallas. No buscaban nada a cambio, no quería beneficios por sus acciones. Eran hombres y mujeres con orgullo. No les inspiraba la ambición o la codicia. Ellos salvaron nuestro honor porque creyeron en los valores de Francia. Y su lucha es lo que me inspira hoy.

Soy presidente del Consejo General, un departamento de Corrèze. Uno famoso por sus personalidades políticas, pero también uno exigente. Aquel que se las arregla para conseguir con éxito su apoyo tiene al menos las cualidades del corazón, aunque no siempre tenga razón. No se me dio nada. Todo lo que gané, lo conquisté y lo hi