Iniciativa para el referendum en Catalunya

2014-04-08 - Jordi Turull


Muchas gracias, señor presidente.

Señor presidente del Gobierno, señoras y señores diputados (Continúa saludando en catalán), señoras y señores, subimos a esta tribuna por designación del Parlament de Catalunya y, a través de él, en representación de una amplísima mayoría de los ciudadanos de Cataluña, que desde septiembre de 2012 han hablado muy alto y muy claro en las urnas y en la calle. En las urnas cabe recordar que, con una participación cercana al 70%, surgió una mayoría del todo incontestable a favor de que los ciudadanos de Cataluña podamos decidir, votando, nuestro futuro político, 107 diputados de un total de 135. En la calle también se ha hablado alto y claro con movilizaciones sin precedentes en la cuantía y absolutamente ejemplares en su actitud. Cataluña quiere protagonizar un ejercicio ejemplar de democracia; Cataluña quiere votar para decidir, decidir para progresar, y progresar para garantizar un presente y un futuro mejor y más esperanzador a nuestros hijos, a nuestros mayores, a toda nuestra gente.

Venimos en nombre de un pueblo, el catalán, que cabe recordar que, como el que más, ha participado de la democratización, modernización y europeización del Estado español; un pueblo, el catalán, que de siempre es tierra de acogida, de integración, de cohesión y de progreso social para todas aquellas personas que han hecho de Cataluña su tierra y la tierra de sus hijos y de sus nietos. Venimos también, y hoy especialmente, en nombre de un pueblo, el catalán, que siempre ha querido ser y quiere seguir siendo, que siempre ha querido gobernarse a sí mismo; un pueblo, el catalán, que generación tras generación se reconoce como nación. Como muy bien explicó en la misma sede de las Naciones Unidas el mestre Pau Casals, Cataluña es una de las naciones más antiguas del mundo y por eso sus instituciones y su autogobierno vienen de muy y muy lejos. Venimos también, y hoy especialmente, en representación de un pueblo, el catalán, que a lo largo de los avatares de la historia ha demostrado que no acepta ni conoce la palabra resignación. Ha sido gracias al compromiso y al sacrificio ejemplar de miles y miles de personas anónimas de muchas generaciones, ya que, teniendo a menudo todo en contra, gracias a ellos Cataluña ha podido preservar sus instituciones, su derecho, su lengua propia y su voluntad de ser. Venimos pues en nombre de un pueblo, el catalán, que ante las adversidades ha preferido siempre la actitud de reafirmación y no la de resignación. Precisamente por eso, por esta actitud de reafirmación y no de resignación, los ciudadanos de Cataluña están protagonizando un nuevo episodio de nuestra historia.

La mayoría de los ciudadanos de Cataluña no quiere resignarse a mantener como si nada una relación política con y para un Estado que le está diciendo por la vía de los hechos que su autogobierno, su lengua, sus instituciones, avanzan hacia la residualidad. Con distintas intensidades, con distintos matices, una inmensa mayoría del pueblo de Cataluña coincide y ha llegado a la conclusión, sencilla pero muy clara, de que así no se puede ni se quiere seguir. Hay una sensación de fatiga, de haberlo intentado absolutamente todo para hacer posible un encaje cómodo por ambas partes que no estuviera reñido con esta voluntad permanente y muy antigua de mejorar nuestro autogobierno. Recordarán, señorías, que negociamos y estas Cortes Generales aprobaron un nuevo Estatut que fue sometido a referéndum en Cataluña, por cierto, solo en Cataluña. Se dejó solo en manos de los catalanes -repito: se dejó solo en manos de los catalanes- decidir si querían o no aquella supuesta mejora de su autogobierno y los catalanes votando lo aprobaron. ¿Y qué pasó? Que luego desde otras instancias del Estado decapitaron dicho Estatut, y con ello, señorías, para muchísima gente decapitaron muchas esperanzas que había de mejorar nuestro autogobierno en el marco actual. Porque Cataluña, señorías, quiere mantener y mejorar desde siempre todo aquello que amamos, nuestra lengua, nuestro derecho, nuestras instituciones, nuestra cultura y nuestro autogobierno, y lo queremos mejorar porque lo amamos, y lo amamos porque es nuestro. Y en coherencia a la manera de ser y hacer del pueblo catalán, tan respetable como los demás, ante tal involución, reafirmación y no resignación.

¿En qué se traduce y se concreta esta reafirmación? En la democracia, votando y decidiendo. Cuando llegas a una encrucijada tienes que decidir, y en la Europa del siglo XXI las grandes decisiones, las decisiones trascendentales se toman votando. De esto, justamente de esto, venimos hoy a hablar aquí, a proponerlo con la mayor y la mejor de las voluntades, pero también con la mayor determinación para hacer posible que las catalanas y los catalanes sean consultados.

Desde hace tiempo asistimos a un debate donde todo el mundo se atribuye y opina sobre lo que queremos o dejamos de querer los catalanes, sobre lo que nos conviene o lo que no nos conviene a los catalanes, y, señorías, solo hay una manera de saberlo con exactitud: preguntándoselo a los catalanes. Las urnas son la única forma de saber con exactitud qué queremos los catalanes. Que se pueda consultar al pueblo de Cataluña qué futuro político desea es legal y es posible y, sobre todo, necesario. Es legal y es posible porque todos los expertos en derecho constitucional que han comparecido en el Parlament de Catalunya y la misma sentencia del Tribunal Constitucional coinciden en decir que si hay voluntad política -repito: si hay voluntad política- la consulta, el referéndum sobre el futuro político de Cataluña tiene cabida dentro de la Constitución. Si se quiere, se puede. Los expertos han identificado hasta cinco posibles vías legales para hacer la consulta. Fíjense y pongan en valor que de las cinco vías legales posibles hemos impulsado primero aquella que responde más a la necesidad de acuerdo. Su aprobación depende de que ustedes y nosotros nos pongamos de acuerdo, y esa es la propuesta que todos ustedes tienen en sus manos, la vía del artículo 150.2.

Señorías, hoy el núcleo central de la discusión es la democracia y, en concreto, la calidad democrática del Estado. Hoy se nos observa y se nos valorará en estos parámetros. La democracia siempre genera ilusión y esperanza, nunca miedo, por eso no se debe temer ni impedir que Cataluña haga un ejercicio de democracia. Hay que afrontarlo políticamente, porque no se puede dar la espalda a una petición que es legítima, que es pacífica, que es democrática y que es de la inmensa mayoría de un pueblo, en este caso del pueblo catalán, y hay que afrontarlo como una oportunidad histórica y no como un problema. Que nadie subestime lo que está ocurriendo en Cataluña, donde existe un movimiento que surge de la gente. Es un movimiento de raíz profunda, sólido, pacífico, democrático, positivo, a favor de y no en contra de nadie; un movimiento ilusionado, transversal, con personas de origen, condición y pensamiento muy diverso; un movimiento comprometido y presente en todos los rincones del país, en la sociedad civil, en asociaciones, en agentes sociales y económicos; un movimiento que va de abajo hacia arriba, que supera partidos e instituciones y que nos pide y nos dice que encontremos la solución en la democracia.

Señorías, señor presidente del Gobierno, señor Rajoy, también señor Rubalcaba, les decimos con toda sinceridad que venimos a buscar un acuerdo para hacer posible la consulta en Cataluña. Es necesario y, si se quiere, se puede. Tramitando esta propuesta, mejorándola, si es debido entre todos, se pueden reparar errores históricos acumulados del Estado hacia Cataluña. Ahora bien, si ustedes no quieren, aunque puedan, también les digo que no desistiremos. Impulsaremos otras vías legales y democráticas que permitirán al pueblo de Cataluña, cargado de razones, votar y decidir su futuro.

Reafirmación y no resignación. Que nadie se llame a engaño, señorías, que nadie se llame a engaño. El pueblo de Cataluña no se ha metido en un callejón sin salida. El pueblo de Cataluña ha iniciado un camino sin retorno, un camino pacífico y democrático para decidir su futuro. Señorías, Cataluña vive con ilusión y esperanza la mayor de las encrucijadas. Los catalanes somos conscientes de que vamos a tomar la decisión política más importante de nuestra historia reciente. La historia nos ha convocado a todos, vamos pues a corresponder a este honor y a esta altísima responsabilidad. Nosotros, desde el Parlament seremos dignos del mandato claro y nítido de los catalanes en las urnas. A ellos representamos, a ellos nos debemos y a ellos servimos.

Señorías, no hay causa más noble a la que servir que aquella a la que pacífica y democráticamente le ha llegado su hora, y tengan por seguro que ha llegado la hora de que Cataluña vote y decida su futuro. Como decimos en Cataluña en catalán: (Pronuncia palabras en catalán).

Muchas gracias, señor presidente, señoras y señores diputados. (Aplausos).