Al congreso de los diputados

1858-01-30 - Juan Bravo Murillo


He venido á este sitio por primera vez á hablar como Diputado , porque no puedo en este momento, hallándome bastante constipado, esforzar demasiado la voz, y creo que este sitio es desde el en que se oye mejor á los oradores.

He pedido y voy á usar de la palabra en pro del dictamen de la Comisión; tengo que hacerlo también para contestar á muchas de las alusiones personales que se me han dirigido, y comenzaré por este punto, aunque después en el progreso de mi discurso haya de volver acaso alguna vez á él. ,i El Congreso recordará cuántas y cuáles han sido esas alusiones. Me las ha dirigido el Sr. Santa Cruz; me las ha dirigido el Sr. Martínez de la Rosa; me las ha dirigido el Sr. Illas y Vidal; me las ha dirigido el Sr. Lafuente (D. Modesto), y no recuerdo si ha habido algún otro señor en el mismo caso. El Sr. Santa Cruz consideraba indispensable , hablando de los proyectos de reforma de 1852, que alguno de sus autores, y más especialmente yo por la circunstancia de haber sido honrado por la votación del Congreso para el alto cargo de Presidente del mismo, diesen explicaciones sobre ellos, y manifestasen clara y categóricamente si insistían en ellos ó si los retractaban. El Sr. Martínez de la Rosa, exponiendo la misma idea, dijo que el silencio que se guardaba sobre este punto por los autores de aquella reforma, estaba pesando sobre la atmósfera. El Sr. Illas y Vidal habló de proyectos de reacción , y hasta de absolutistas vergonzantes. El Sr. D. Modesto de Lafuente, por último, pues no recuerdo si hubo alguna idea especial en lo manifestado por el señor González de la Vega, que insistió en el mismo tema, me amenazó hasta con la imagen de la esfinge.

Á todos estos señores tengo que manifestar en general, sin perjuicio de alguna especialidad sobre las especialidades de los argumentos que cada uno de ellos ha empleado, que yo no considero á ningún hombre político en la obligación de hablar sobre proyectos ó sobre sistemas de política, si este hombre no se halla en alguna de las circunstancias ó de los casos siguientes: Primero , el de ser llamado por la Corona para formar parte de un Ministerio : segundo, el de haber sido nombrado Ministro de la Corona y haber de presentarse á las Corles; tercero, el de hacer oposición á un Ministerio, oponiendo á las doctrinas, á los principios, al programa que el Ministerio haya expuesto y esté sosteniendo, otras doctrinas, otros principios y otro programa. Diré desde luego al Sr. Martínez de la Rosa que no sé cómo puede pesar sobre la atmósfera política el silencio de un hombre que se halla fuera de esos tres casos; tal vez S. S. tenga otro peso diferente y de diversa índole que este. Diré al señor Illas y Vidal que S. S. podrá calificarme á mí, como á los demás hombres que formaban la administración de 1851 y 1852, de la manera que guste; podrá calificar nuestras opiniones, nuestras doctrinas y hasta nuestros pensamientos; pero lo que S. S. no podrá decir de ninguno de aquellos hombres, ni de mí, sin que se asome en el rostro de aquellos que lo oigan y que nos conocen á todos , en unos la indignación y en otros la risa, es que ninguno de esos hombres, seamos absolutistas ó cualquiera otra cosa, somos vergonzantes.

Yo no he sido nunca nada vergonzante: yo hablo en un Congreso compuesto en su mayor parte de personas que han pertenecido á otras legislaturas , y de otras que si no han pertenecido , son hombres públicos que no pueden desconocer la historia de nuestro país; y en la conciencia de todos está que los hombres que pertenecieron á la administración de 1851 y 1852 , si acaso pecaban por algo, era por franqueza. Vuelvo á decir que ni absolutista ni ninguna otra cosa he sido nunca de una manera vergonzante; y en otra ocasión explicaré al Sr. Illas, que. parece ignorarlo, cuál es mi absolutismo. Diré , por último , al Sr. D. Modesto Lafuente que el temor que S. S. manifestaba que podría yo tener de verme en el caso de la esfinge , la cual, descifrado el enigma , se había estrellado contra una roca, es uno de los estímulos que tengo , junto con algún sentimiento de caridad , para calmar la agitación en que parece encontrarse estos señores, hablando de la manera y en los términos que lo haré de los puntos sobre los cuales han manifestado tanta ansiedad.

He dicho, señores, que no me hallaba en ninguno de los tres casos en que un hombre público, que ha manifestado ciertas opiniones y cierto sistema, debe explicarse respecto de ellos. Yo no estoy en el caso de ser llamado por la Corona para formar parte de un Ministerio. Ese caso se ha verificado hace algún tiempo, y á S. M. franca y noblemente manifesté en aquella ocasión «cuáles eran los principios y la política que yo creía que podía seguirse por un Ministerio en las actuales circunstancias, y cuáles eran las condiciones sin las cuales no me habría prestado á formar parte de un Gabinete. Yo no puedo menos de extrañar que el Sr. Martínez de la Rosa, que debe, tener noticias auténticas de lo que pasó en la presencia augusta de S. M., porque no puedo presumir que carezca de ellas, hablase aquí el otro día de silencio , y dijera que este silencio pesaba sobre la atmósfera.

No me hallo en el día en ese caso; en la ocasión , en el momento en que lo he estado, he satisfecho cumplida y francamente , procediendo como procedo en todas mis cosas , esa obligación. No me hallo en el caso de haber sido llamado por S. M. y formar parte de un Ministerio. Si me hallara en este caso , el primer día que me hubiera presentado á la Representación Nacional , habría expuesto, como lo ha hecho el Ministerio que dignamente ocupa ese banco, el programa que hubiera de seguir.

No me hallo, por último, en el caso de formar parte de una oposición que oponga doctrinas, principios y programa al programa , principios y doctrinas que haya expuesto y sostenga el Gobierno actual. Ni pertenezco, ni he pertenecido, ni perteneceré á la oposición á ningún Ministerio conservador.

Hallábase yo , señores, retirado en Francia en el desgraciado bienio de 1855 y 1856, separado completamente de los negocios públicos. En aquella capital tuve ocasión alguna que otra vez de hablar con algunas de las personas que se hallaban allí mismo, ó que iban por casualidad. Hay algunas en este recinto, que me están escuchando , á las cuales manifesté, con la franqueza que yo acostumbro siempre, que en el caso , bien esperado, y realizado por fortuna de nuestra patria, de que el partido entonces proscrito volviese á ponerse al frente de los negocios públicos, yo no haría oposición « ningún Ministerio que perteneciese á las filas del partido conservador, á ningún Gobierno que gobernase con las ideas conservadoras. Yo manifesté más, señores; yo manifesté antes de formarse el Ministerio del Duque de Valencia, y cuando aún existía el Gabinete del Conde de Lucena, que si duraba aquel Ministerio y yo tuviese algún carácter político, como el de Diputado á Cortes, y si aquel Ministerio gobernaba con las ideas conservadoras, me tendría á su lado, no le haría oposición. Manifesté después que la misma conducta habría de seguir con el Ministerio del Duque de Valencia ; y los hechos hablan acerca de si la he seguido ó no. La misma habría observado con el Ministerio presidido por el General Armero, y la misma observaré con el Ministerio actual, como con todos los Ministerios del partido conservador que gobiernen al país con las ideas conservadoras. Yo había manifestado además, y tengo una singular complacencia en repetirlo en este sitio, que me consideraba en tal situación, que no podía de ninguna manera contribuir al bien de mi país más eficazmente ni de otro modo que estando retirado de los negocios públicos, con mi abnegación , con mi completa abnegación, la más completa y absoluta. Puede ser que otros tengan formadas diferentes ideas , diferentes opiniones; puede que otros abriguen diversos pensamientos; los míos han sido y son estos. He creído que podía hacer mucho más bien a mi patria , mucho más bien al Trono y á las instituciones , alejado del poder. En esta persuasión estoy, y espero que en esta persuasión continuaré.

Cuando tal es mi situación pública, manifiesta, que nadie ignora, que nadie puede contradecir, ¿qué significa preguntarme á mí, como á los demás hombres que formaron la administración de 1851 y 1852, si se persiste en los proyectos de reforma de aquel año, ó se abjura de ellos y se retiran esos proyectos?

El afirmarse en esos proyectos, decía el Sr. Santa Cruz, (y esta idea ha sido aceptada, al parecer, por los demás señores que han hablado de esta materia), será inutilizarse. El abandonar esos proyectos será retractarse, será faltar á lo que un hombre público de ciertas condiciones no puede faltar jamás. Pedimos, pues , las explicaciones con este motivo y con este objeto.

Pues á todos esos señores contesto yo manifestando que esto que S. SS. han dicho es, ó un decreto á un memorial que no existe , ó una sentencia en un juicio inquisitorial.

El formar esos raciocinios con tal objeto, exige de mi parte que yo pregunte á mi vez : ¿ dónde está el memorial en que ponéis ese decreto ? ¿ Se trata aquí de aspirar al poder? ¿ Quién lo pretende? ¿ Quién lo pide? ¿ Quién da muestras de desearle? Los hombres de 1851 y 1852 ¿ están llamados al poder, ora insistan en los proyectos de reforma , ora los abandonen ó los retracten? ¿ Por qué ese decreto? ¿ Os piden el poder esos hombres? Habéis puesto un decreto que correspondería á un memorial que no existe. Vosotros mostráis el decreto; yo os pido el memorial. ¿ Quién lo ha presentado?

Pero si ese decreto se ha puesto sin memorial, y no es por consiguiente ni puede ser un decreto, entonces es un fallo en un proceso inquisitorial y de oficio. ¿Y no conocen estos señores, no conocen los que tales interpelaciones dirigen, que esas interpelaciones, esas preguntas, esas demandas de explicaciones, esas exigencias, carecen absolutamente de objeto? Pues nada digo del miedo que parece manifestar esos mismos señores. i Qué se teme ? ¿ Se teme que yo, Diputado, plantee los proyectos de reforma de 1852? ¿Cómo ni de qué manera? ¿Se teme que yo trate de plantearlos como Ministro? ¿ Tengo yo ese carácter ? Absurda, señores, y lo digo con perdón de todos aquellos á quienes contesto en este momento, absurda me parece, por no decir ridícula, la pregunta, en las circunstancias en que la han hecho estos señores, demandando si se insiste en los proyectos de reforma de 1852, ó si se retiran esos proyectos. ¡ Cuántas respuestas tiene esa pregunta, sin necesidad de entrar en el fondo de la cuestión; sin necesidad de repetir aquí lo que ninguna obligación hay de repetirán este momento, sobre cuáles son nuestros pensamientos políticos ; sin necesidad de ponerse en ridículo, porque en ridículo se pondría el hombre que contestara á esas preguntas! La pregunta no se dirige á lo que yo pienso en este momento, sino á lo que yo haría ó pensaría en el caso y circunstancia de ser poder, de formar parte de un Ministerio. ¿ Y quién de esos señores puede decir con la mano puesta en su corazón, con la conciencia de su patriotismo y con el interés que exige el bien público: «en un tiempo que no sé cuándo llegará, ni si llegará; en unas circunstancias que desconozco completamente , en ese tiempo que yo me figuro, y en esas circunstancias que desconozco , haría yo esto ?»

Lo