Discurso sobre el Frente Único

1922-02-26 - Leon Trotsky


Camaradas, no pude asistir a la sesión de ayer pero he leído con atención los dos discursos que, en principio, se han opuesto a la táctica definida por el Ejecutivo: los discursos de nuestros camaradas Terracini y Daniel Renault.

Estoy de acuerdo con el camarada Radek cuando dice que el discurso del camarada Terracini no es más que una nueva edición, y no muy mejorada, debo confesarlo, de las objeciones que presentó a nuestras tesis en el III Congreso. Ahora bien, la situación ha cambiado.

En el III Congreso nos encontrábamos ante el peligro que el partido comunista italiano y otros se comprometiesen en acciones que podrían ser muy dañinas. Siempre se puede decir que este peligro negativo no es tan peligroso como el peligro positivo. Sí, pero el tiempo es un gran factor en política y, si se le deja escapar, este tiempo siempre es utilizado por otros contra nosotros.

El camarada Terracini dice: “naturalmente, estamos a favor de la acción de las masas y a favor de la conquista de las masas”. Es lo que repite siempre en su discurso. Pero, por otra parte: “estamos a favor de la lucha general del proletariado y contra el frente único, en el sentido precisado por el Ejecutivo.”

Camaradas, el mismo hecho que un representante del partido proletario afirme y repita continuamente: “estamos a favor de la conquista de la mayoría del proletariado, estamos a favor de esta consigna: “¡Hacia las masas!”, aparece como un eco un tanto tardío de las discusiones del III Congreso en el que se creía inminente la revolución, en el que los sentimientos del proletariado, sentimientos nacidos de la guerra, y muy favorables a la revolución rusa y a la revolución en general, parecían suficientes para llevar a la revolución. Pero los acontecimientos han demostrado que esta apreciación era falsa. Durante el II Congreso, discutimos, dijimos:

“No, ahora empieza una nueva etapa: la burguesía está actualmente sino muy

segura al menos bastante segura sobre sus pies como para obligarnos a los

comunistas a conquistar primero que nada la conciencia de la mayoría de los

trabajadores.”



¿Cómo conquistar las masas?

Y hoy en día el camarada Terracini repite continuamente: “estamos a favor

de la acción que debe conquistar las masas”. Naturalmente, pero nos

encontramos ya emplazados en un nivel un poco más elevado y discutimos

ahora sobre los métodos para conquistar a estas masas en la acción. Y,

sobre este problema: ¿cómo conquistar a las masas? Los partidos

comunistas se han agrupado, de hecho de forma natural, lógicamente, en

tres grandes categorías: los partidos que están aún en los comienzos de sus

éxitos y que, como organización, aún no pueden ejercer un papel en la

acción inmediata de las masas. Naturalmente, estos partidos tienen un gran

porvenir, como todos los otros partidos comunistas; pero, hoy en día, no

pueden contar mucho con la acción de la masa proletaria pues no tienen

muchos militantes. Ahora, estos partidos deben, por el momento, luchar

para conquistar una base, una posibilidad de influenciar al proletariado

durante su acción (de esta situación sale con éxito ahora aún nuestro

partido inglés en crecimiento).



Por otra parte, hay partidos que dominan completamente al proletariado.

Creo que el camarada Koralov tiene razón cuando afirma que éste es el

caso de Bulgaria. ¿Qué significa esto? Esto quiere decir que Bulgaria está

madura para la revolución proletaria pero que las condiciones

internacionales lo impiden. Entonces, naturalmente, en semejante situación

la cuestión del frente único no se plantea o casi no se plantea.



En Bélgica e Inglaterra, por ejemplo, se presenta como una lucha para

conquistar un lugar en el frente proletario, para influenciar al proletariado,

para no ser eliminado de su movimiento.



Entre estos dos polos extremos, hay partidos que representan una fuerza, no

sólo una fuerza de ideas sino una numérica, como organización. Este es ya

el caso de la mayor parte de los partidos comunistas. Su fuerza puede ser la

de un tercio de la vanguardia organizada, un cuarto o, incluso, la mitad, o

un poco más de la mitad, ello no cambia la situación en general.



¿Cuál es su tarea? Es conquistar a la aplastante mayoría del proletariado.

¿Con que objetivo? Para llevar al proletariado a la conquista del poder, a la

revolución. Cuándo llegará ese momento, no lo sabemos. Supongamos en

seis meses, supongamos en seis años, puede tratarse de esta escala, entre

seis meses y seis años en los diferentes países. Pero, teóricamente, no está

excluido que este período preparatorio pueda durar mucho más tiempo.

Entonces me pregunto: ¿qué hacemos durante este período? Seguimos

luchando por conquistar la mayoría, la conciencia de la totalidad del

proletariado. Pero este no es el caso, ni hoy ni mañana; por el momento

somos el partido de la vanguardia del proletariado. Y bien ¿es necesario

que la lucha de clases se pare para esperar el momento en que nosotros

hayamos conquistado a la totalidad del proletariado? He aquí la cuestión

que planteo al camarada Terracini y también al camarada Renault: ¿la lucha

proletaria por el pan de cada día cesa a la espera del momento en que el

partido comunista, apoyado por la totalidad de la clase obrera, pueda

conquistar el poder? No, no cesa, continúa. Los obreros que están en

nuestro partido o aquellos que mantienen fuera de él, como los que están en

el partido socialdemócrata o fuera, están más o menos disponibles, ello

depende del momento y del medio proletario pero son capaces de luchar

por sus intereses inmediatos y la lucha por sus intereses inmediatos, en

esta época de gran crisis imperialista, es siempre el comienzo de una lucha

revolucionaria. Esto es muy importante pero aquí sólo es un paréntesis.



Acciones inmediatas

Y bien, los obreros que no ingresan en nuestro partido, que no comprenden

a nuestro partido y por esta causa no ingresan en él, quieren tener la

posibilidad de luchar por el trozo de pan, por el trozo de comida. Ven al

partido comunista, al partido socialista, y no comprenden por qué se han

separado; se adhieren a la CGT reformista, al partido socialista en Italia,

etc., o bien están fuera del partido. Y, mira por donde, se dicen que estas

organizaciones, o bien estas sectas, no sé cómo las denominan en su

lengua, estos obreros semiconscientes, dicen: “¡Que nos ofrezcan la

posibilidad de luchar hoy!” No les podemos responder: “Pero estamos

aislados para preparar tu futuro, tu gran día de mañana…” No lo

comprenderían porque están absorbidos por su “día de hoy”, porque si

pudiesen entender este argumento, para ellos completamente teórico,

habrían ingresado en el partido. Encontrándose en ese estado de ánimo y

viendo delante de ellos diferentes organizaciones sindicales y políticas, se

encuentran desorientados; se encuentran ante la imposibilidad de preparar

una acción inmediata, por más parcial y pequeña que sea. Entonces llega el

partido comunista que les dice: “Mis amigos, nos hemos separado. Creéis

que es un error; puedo explicaros las razones. ¿No las entendéis? Lo siento,

pero ahora existimos nosotros, los comunistas, los socialistas y al lado de

nosotros los sindicalistas reformistas y los sindicalistas revolucionarios;

existimos como organizaciones independientes por razones que nosotros,

comunistas, creemos completamente legítimas; pero a pesar de todo,

nosotros, comunistas, os proponemos una acción inmediata por vuestro

trozo de pan: os la proponemos, a vosotros y a vuestros jefes, a cada

organización que representa a una parte del proletariado.” Está

completamente dentro de la psicología de las masas, dentro de la psicología

del proletariado, y afirmo que los camaradas que, con pasión, que se

explica muy bien a causa de la importancia y gravedad de la cuestión,

protestan contra esto, expresan mucho más el proceso doloroso de su

reciente separación de los reformistas, de los oportunistas, que no la

mentalidad de la gran clase proletaria. Porque yo comprendo muy bien que

para un periodista que estaba en la misma redacción de la Humanité con,

pongamos por caso, Longuet, que se separó de ella con grandes

dificultades, dirigirse de nuevo tras todo esto a Longuet, proponerle hacer

causa común con él, se trata de una dificultad psicológica, es una dificultad

moral. Pero en cuanto a la clase proletaria, en cuanto a la masa francesa, a

los millones de obreros franceses, no se preocupan mucho de estas cosas,

desgraciadamente, puede ser que porque no están en el partido. Pero

cuando se les dice: “Nosotros, comunistas, tomamos ahora la iniciativa de

la acción de masas por vuestro trozo de pan”, ¿A quién reprobarán en estas

circunstancias? ¿A la Internacional Comunista, al Partido Comunista

francés? No, jamás.



Objeciones al Frente Único

Y para demostraros, camaradas, que esta mentalidad que se abre paso en

Francia, sobretodo en Francia, no es el reflejo de la mentalidad de la masa

proletaria sino que representa, por una parte, un eco tardío de un aspecto

del antiguo partido y, por otra parte, el penoso proceso de la separación,

para demostraros esto, voy a citaros algunos artículos… Ruego disculpas:

los camaradas franceses se burlan un poco de nuestro entusiasmo por la

citas; uno de ellos ha hecho observaciones muy espirituales sobre la

envergadura de nuestra documentación, pero no nos queda otra solución,

naturalmente; la citas son flores secas del movimiento obrero pero si se

conoce un poco la botánica y si también se ha observado a las flores en los

campos, bajo el sol, se llega, incluso ante ejemplares disecados, a una idea

del movimiento.



Os citaré a un camarada muy conocido en Francia: es el camarada Víctor

Méric. Representa, más o menos, a la oposición contra el frente único bajo

un aspecto comprensible para todo el mundo; la vulgariza a su estilo

humorístico. He aquí lo que dice (parece ser una broma y, para mí, es una

mala broma; pero hay que tomarla tal y como es):



“¿Si hacemos frente único con Briand? Después de todo, Briand sólo es un

disidente, un disidente de la primera hornada, un disidente precursor; pero, de

todas maneras, pertenece a la gran familia” (Journal du peuple, 13 de enero)



Así, en el mismo momento en que el Ejecutivo dice: “Vosotros, el partido

francés, no representáis más que a una parte de la clase obrera, hay que

buscar las posibilidades de la acción común de las masas”, la voz de París

responde: “¿Pero, y si hacemos frente único con Briand?”



Se puede decir: se trata de ironía y está escrito en un diario que está creado

especialmente para este género de bromas, el Journal du peuple. Pero tengo

una cita del mismo autor en La Internacional y es infinitamente más serio

donde dice:



“Y que se me permita plantear un única cuestión, ¡ah! Sin la menor ironía… (es

Víctor Méric quien precisa: “sin la menor ironía”)



INTERRUPCIONES.- ¡Por una vez! No ocurre muy a menudo.





TROTSKY.- “… Y que se me permita plantear una única cuestión, ¡ah! ¡Sin

la menor ironía! Si esta tesis resulta aceptada en Francia y si, mañana, el

ministerio Poincaré la Guerra, arruinado, deja el lugar a un gabinete Briand



o Viviani, resuelto partidario de la paz, del desarme y de la entente entre

los pueblos y del reconocimiento de los soviets, ¿no será necesario que

nuestros representantes en el parlamento consoliden mediante su voto la

situación de este gobierno burgués? Y si incluso, ¡todo puede suceder!, una

cartera fuese ofrecida a alguno de los nuestros, debería rechazarla? (La

Internacional, 22 de enero)

Está escrito, ¡ah!, sin la menor ironía no en el Journal du peuple sino en La

Internacional, el diario de nuestro partido. Así, para Víctor Méric, no se

trata de la cuestión de la unidad de acción proletaria sino de las relaciones

de Víctor Méric y de tal o cual disidente, de los disidentes de ayer o

antesdeayer. Es, como puede verse, un argumento tomado del terreno de la

política internacional. En el caso en que un gobierno Briand estuviese

dispuesto a reconocer a los soviets, ¿la Internacional nos impondría desde

Moscú la colaboración con este gobierno?



El camarada Terracini no ha hablado, completamente, como el camarada

Méric; pero también él ha evocado el fantasma de una alianza entre tres

potencias: las potencias número 3, 2 y 2 y ½ (Alemania, Austria y Rusia).

Es un poco el mismo terreno.



El camarada Zinoviev dijo en su discurso en reunión plenaria, y yo lo dije

también en la comisión: hay camaradas que buscan, en nuestras opiniones o

en nuestras “desviaciones”, “razones de estado”. No serían nuestros errores

de comunistas, serían nuestros intereses de hombres de estado rusos los que

nos llevaría a recurrir a tal o tal otra táctica. Es precisamente la acusación

velada de Víctor Méric.



Críticas, no insinuaciones

Es preciso acordarse de nuestros debates en el III Congreso. Se ha

recordado que en Alemania los acontecimientos de marzo fueron

interpretados por la derecha, y sobretodo por los lacayos de la derecha,

como el resultado de una sugerencia de Moscú para salvar la situación

comprometida de los soviets. Ahora bien, en el III Congreso, cuando se

condenaron determinados métodos empleados en el curso de estos

acontecimientos, fue la extrema izquierda (KAPD) la que pretendió que el

gobierno de los soviets estaba contra este movimiento revolucionario y que

quería retrasar la revolución alemana durante un cierto tiempo a fin de

poder cerrar negocios con la burguesía de Occidente.





Ahora se repite lo mismo a propósito del frente único.



Camaradas, el interés de la República de los Soviets sólo puede ser el

interés del movimiento revolucionario mundial. Si esta táctica es nociva

para vosotros, nuestros hermanos franceses, o para vosotros, nuestros

hermanos italianos, también es completamente nociva para nosotros. Y si

creéis que estamos tan absorbidos o hipnotizados por nuestra situación de

hombres de estado que ya no somos capaces de entender las necesidades

del movimiento obrero, entonces hay que introducir en los estatutos de la

Internacional un párrafo que diga que el partido que haya llegado a la

lastimosa situación de haber conquistado el poder debe ser excluido de la

Internacional Obrera. (Risas)



Respecto a todo esto, quisiera que en lugar de semejantes acusaciones, que

no son acusaciones formales sino insinuaciones anexadas a los elogios más



o menos oficiales y rituales de la revolución rusa, se nos critique un poco

más. Si el Comité Director del partido francés nos enviase una carta

diciendo: “Estáis llevando adelante, ahora, una nueva política económica.

¡En guardia! ¡Os rompéis la cabeza! Vais demasiado lejos en el terreno de

las relaciones capitalistas.”

O si la delegación francesa nos dijese: “Hemos asistido al desfile. Habéis

copiado muy fielmente los antiguos métodos del ejército: esto puede ser

una mala influencia para las juventudes obreras”. O, por ejemplo, si nos

dijeseis: “Vuestra diplomacia es muy ‘diplomática’; concede entrevistas,

notas de prensa, que nos pueden molestar en Francia.” Que nos criticaseis

abiertamente, poniendo el punto sobre i, estas son las verdaderas relaciones

que deseamos establecer entre nosotros. Pero no esta forma detestable que

procede mediante alusiones. Todo esto está entre paréntesis.



El argumento sentimental

Víctor Méric tiene, tras el argumento de la política internacional, el

argumento de orden sentimental: “Igualmente, el 15 de enero próximo,

cuando recordemos a los dos mártires, no será bueno que vengáis a

hablarnos de unidad del frente con los amigos de los Scheidemann, los

Noske, los Ebert y otros asesinos de socialistas y trabajadores.” (La

Internacional, 8 de enero 1922)



Naturalmente, es un argumento que puede influenciar mucho a trabajadores

muy sencillos, que tengan un sentimiento revolucionario pero sin

educación política suficiente, sin educación revolucionaria suficiente. El



camarada Zinoviev se refiere a ello en su discurso. Y el camarada

Thalheimer ha dicho:



“Camaradas, si se tienen razones sentimentales para no sentarse en la misma

mesa que hombres de la II Internacional y de la Internacional II y media, estas

razones son válidas, sobretodo para nosotros, alemanes. ¿Pero cómo puede ser

que un comunista francés enuncie una afirmación que significa que los

comunistas alemanes no tienen este sentimiento revolucionario, este odio contra

los traidores y los asesinos de la II Internacional?”



Creo que su odio no es menor que el odio literario, periodístico, de Víctor

Méric. Pero para ellos la táctica del frente único es una acción política y no

un acercamiento moral a los jefes socialdemócratas.



El tercer argumento es el siguiente, y es más o menos decisivo. Lo

encontramos en un artículo del mismo autor:



“La Federación del Sena acaba de tomar una decisión sobre estas graves

cuestiones: rechaza, con una fuerte mayoría, el frente único. Ello significa

simplemente que a un año de distancia no piensa cambiar de opinión. Ello quiere

decir que tras haber consentido esta operación dolorosa que fue la escisión de

Tours, se defiende de querer cuestionarlo todo, rehusa llamar a los hombres de

los que nos hemos separado.” (La Internacional, 22 de enero de 1922)



He aquí como se presenta el frente único. Como la vuelta a la situación de

antes de Tours. Y Fabre, el hospitalario Fabre, declara que está

completamente de acuerdo con la táctica del frente único, con una sola

reserva: “¿Por qué, pues, haber demolido a tiros la unidad socialista y

obrera?”



Así se entiende la cuestión. Con esta manera de presentar la cuestión, el

frente único significa la vuelta a la situación de antes de Tours, es de hecho

la tregua, la unión sagrada con los disidentes, con los reformistas. Tras

haber constatado el hecho, capital, se discute sobre la táctica a seguir: o

aceptar o rechazar. Méric exclama: “Me opongo, con la Federación del

Sena”. Y Fabre: “No, acepto, acepto.”



Camaradas, incluso en Frossard, que es naturalmente un hombre político de

gran valor, que todos conocemos y que no ve las cosas sólo bajo su aspecto

anecdótico, incluso en él no encontramos argumentos más sólidos. No,

siempre está presente la misma idea del acercamiento a los disidentes;

nunca la cuestión de la unidad del frente. Ahora bien, os pregunto, ¿existe o

no esta cuestión en Francia?





El Partido Comunista francés tiene 130.000 militantes, el partido de los

disidentes tiene unos efectivos menores, y llamo vuestra atención sobre el

hecho que los camaradas franceses han denominado a los reformistas

“disidentes”. ¿Por qué? Para denunciar ante el proletariado como

rompedores del frente único a los disidentes, es decir a los socialpatriotas,

igual que la CGT revolucionaria se denomina unitaria para demostrar que

uno de sus objetivos, su objetivo principal, es asegurar al proletariado la

unidad de acción.



Nuestra debilidad

Podría decir que vuestros métodos y acciones son superiores a los

argumentos que habéis empleado contra la táctica definida por el Comité

Ejecutivo de la Internacional Comunista. El partido tiene 130.000

militantes y los disidentes tienen 30.000, 40.000 o 50.000. No importa…



INTERRUPCIONES.- ¡15.000! ¡Las cifras de los disidentes siempre son

inexactas! Es muy difícil conocerlas.



TROTSKY.- Es una minoría, pero una minoría nada despreciable.



Después están los sindicatos. Los sindicatos, tuvieron hace años dos

millones de miembros. Han afirmado: la estadística de los sindicatos

franceses está por debajo de su empuje revolucionario y ahora hay, cojo

estas cifras del discurso del camarada Renault, 300.000 adherentes a la

CGT Unitaria. El conjunto de los sindicados era de 500.000 antes de la

escisión.



Ahora bien, la clase proletaria se cuenta por millones.



El partido tiene 130.000 militantes. Los sindicatos revolucionarios tienen



300.000 adherentes. Los sindicatos reformistas tienen, más o menos,

200.000. Los disidentes son 15.000. He aquí la situación.

Naturalmente, el partido se encuentra en una situación muy favorable,

porque es la organización política preponderante, pero no dominante de

hecho. ¿Qué representa ahora el partido francés? El partido francés es el

resultado, la cristalización, de este gran ascenso revolucionario del

proletariado que surgió de la guerra, gracias a la acción llena de coraje de

los camaradas que se encontraban a la cabeza del movimiento en esa época.

Utilizaron este impulso, este ascenso de las masas, este sentimiento más

bien somero, pero revolucionario, primitivamente revolucionario; lo

utilizaron para transformar al antiguo partido y para hacer de él un partido

comunista.



Después, la revolución no llegó. La masa, que tenía el sentimiento que la

revolución iba a desencadenarse en el mismo día, o al día siguiente, ve que

no estalla. Entonces, como consecuencia, se produce un cierto reflujo, y lo

que queda del partido, es la elite proletaria. Pero la gran masa sufre un

sentimiento de retirada psicológica y un reflujo. Ello se materializa en el

abandono en masa de los sindicatos. Los sindicatos pierden sus afiliados.

Tenían millones que ahora ya no tienen, hombres y mujeres que habían

entrado durante algunas semanas, durante algunos meses, y que han

abandonado. La gran masa proletaria conserva, naturalmente, este ideal de

la revolución, pero este ideal se ha convertido en algo más vago, menos

realizable. El partido comunista subsiste con su doctrina y su táctica. Hay

un pequeño agrupamiento disidente que ha perdido, durante esta

tumultuosa época de la revolución, toda su autoridad. Pero supongamos

que esta situación transitoria dura aún un año, dos años, tres; admitámoslo.

No lo queremos. Pero, para representarnos la situación, supongamos que se

produce una acción general en Francia. ¿Cómo se agruparán los obreros?

¿Qué harán los obreros franceses? Si tomamos al partido comunista y al

partido de los disidentes, las relaciones son de 4 a 1 y, en la clase obrera,

los sentimientos a favor de la revolución, los sentimientos vagos, puede que

estén en la relación de 99 a 1.



Bloques de izquierdas y Frente Único

Pero la situación se dilata sin estabilizarse y se aproxima el momento de

nuevas elecciones. ¿Qué pensará el obrero francés? Se dice a sí mismo que

el partido comunista puede ser, tal vez, un buen partido, que los comunistas

son buenos revolucionarios; pero, hoy en día, no hay revolución, se trata de

unas elecciones; de Poincaré, el último gran esfuerzo del nacionalismo

revanchista, de la paz peligrosa, el último parpadeo de la luz que va a

apagarse.



Después de esto ¿qué le quedará a la burguesía? El Bloque de Izquierdas.

Pero para que esta combinación política tenga éxito hay que disponer de un

instrumento en el seno mismo de la clase obrera. Este instrumento es el

partido de los disidentes.



Por nuestra parte, disponemos de un excelente terreno para nuestra

propaganda a través de l’Humanité, a través de toda nuestra prensa, de

todos nuestros órganos.



Pero hay también otros medios y nosotros intentamos llegar a las grandes

masas mediante mítines, discursos excelentes de nuestros amigos franceses

a los que, lo sabéis, no les falta elocuencia. Las elecciones llegan. Una gran

masa de los obreros franceses razonará entonces verosímilmente de la

siguiente manera: “En definitiva, un parlamento del Bloque de Izquierdas

es preferible a un Parlamento de Poincaré, del Bloque Nacional.” Y este

será el momento en el que los disidentes podrán ejercer su papel político.

No son numerosos como organización política. Cierto. Pero los reformistas,

sobretodo en Francia, no necesitan una gran organización. Tiene periódicos

que no tiene muchos lectores, cierto, porque la masa más pasiva, el

proletariado más desilusionado no lee; está desencantado, espera los

acontecimientos, olfatea el ambiente sin leer. Son los obreros

completamente ganados para la revolución los que leen. Así pues, este

pequeño instrumento de la burguesía, esta organización de los disidentes

puede, bajo estas condiciones, adquirir una gran importancia política. Y

nuestra tarea es ahora combatir por adelantado la idea del Bloque de

Izquierdas en el proletariado francés. Esta es una cuestión muy importante

para el partido francés, no digo que este Bloque de Izquierdas sería una

desgracia para nosotros. Para nosotros también será una ventaja pero a

condición que el proletariado no colaboré con él.



Y si vosotros, bajo estas condiciones, sin precisar por adelantado los

métodos, la forma de la carta abierta o cerrada que es necesario enviar al

Comité Director, si existe, de los disidentes; si, sin precisar las formas, los

provocáis, si desenmascaráis a este aliado de la burguesía que espera, que

no quiere comprometerse mucho ahora, que espera en el refugio de sus

redacciones, de sus clubes parlamentarios, habréis logrado una gran

ventaja, pues, en el momento de las elecciones, estos agrupamientos

disidentes se convertirán en muy activos, le harán al proletariado toda

suerte de promesas. Y tenemos el mayor interés en expulsarlos de sus

oficinas, de su retiro, y colocarlos ante el proletariado sobre la base de la

acción de las masas. He aquí la cuestión. No se trata en nada de

acercamiento a Longuet.



Y verdaderamente, camaradas, es una situación un poco cómica. Hemos

discutido ampliamente, hace unos quince meses, con los camaradas

franceses; le demostramos que era necesario excluir a Jean Longuet. Y los

camaradas que, en esa época, dudaban ante las veintiuna condiciones nos

dicen hoy: “Nos imponéis un acercamiento a Jean Longuet”, comprendo

muy bien que un obrero parisino, tras leer el artículo de Víctor Méric saque

una idea así de loca. Es necesario explicarle tranquilamente su error,

mostrarle que no se trata de eso, que se trata ante todo de no dejar a los

disidentes preparar tranquilamente en su refugio una nueva traición, que

hay que cogerles por el cuello y meterlos, violentamente, bajo la presión

popular ante el proletariado y obligar a estos señores a responder a la

preguntas muy concretas que les planteamos.



El porqué del Frente Único



Cuando vemos a Terracini decir que tenemos otros métodos de acción, que

estamos a favor de la revolución y que ellos están en contra de la

revolución, estamos completamente de acuerdo con Terracini.



Pero si esto estuviese claro para todos los obreros no sería necesario

abordar la cuestión del Frente Único. Naturalmente que estamos a favor de

la revolución, y que ellos están en contra; pero el proletariado no ha

comprendido esta diferencia; hay que demostrárselo.



El camarada Terracini responde:



“Pero lo hacemos, hay núcleos comunistas en los sindicatos; los sindicatos

tienen una gran importancia. Lo demostramos en la propaganda.”



La propaganda no resultará prohibida por este discurso: la propaganda es

siempre excelente, es la base de todo. Pero se trata de combinarla y de

adaptarla a nuevas condiciones y a la importancia del partido como

organización.



He aquí un pequeño incidente que es muy significativo. El camarada

Terracini dice:



“Cuando hayamos lanzado nuestro llamamiento a favor de una acción general

del proletariado, habremos conquistado a la mayoría en las organizaciones

gracias a nuestra propaganda.”



“La mayoría”… Enseguida, la delicada mano del autor ha hecho una

corrección: “casi la mayoría”. Un punto en el que estamos de acuerdo. Pero

“casi la mayoría”, quiere decir en buen francés, me parece, la minoría y en

ruso también.



Camaradas, incluso la mayoría no es la totalidad.



“Tenemos la mayoría: tenemos con nosotros a las cuatro séptimas partes

del proletariado”. Pero cuatro séptimas partes del proletariado, no son la

totalidad, y las tres séptimas que quedan pueden muy bien sabotear una

acción de masas. Y la casi mayoría, es sólo tres séptimas partes de la clase

obrera. Gracias a la propaganda, tenemos tras de nosotros a tres séptimas

partes pero es preciso ganar a las cuatro séptimas partes. No es una cosa

muy fácil, camarada Terracini, y si se cree que repitiendo los métodos que

se han empleado para ganar a las tres séptimas partes se ganarán a las otras

cuatro partes se cae en un error, porque, cuando el partido deviene más

grandes estos métodos deben cambiar. Al comienzo, cuando el proletariado

ve a este pequeño grupo revolucionario intransigente que dice: “¡Al diablo

los reformistas! ¡Al diablo el estado burgués!”, aplaude y dice: “¡Muy

bien!” Pero cuando ve a tres séptimas partes de la vanguardia organizadas

en los comunistas y no hay grandes cambios en el terreno de las

discusiones, de los mítines, entonces se enoja, el proletariado, se enoja y

hacen falta nuevos métodos para demostrarle que ya que somos un gran

partido, podemos participar en la lucha inmediata.



Y, para demostrar esto, es necesaria la acción de conjunto del proletariado;

es necesario asegurarla y no dejar a otros la iniciativa.



Cuando los obreros dicen: “¡Nos importa poco vuestra revolución de

mañana! ¡Queremos librar batalla, ahora, para conservar nuestras ocho

horas de trabajo!” somos nosotros los que tenemos que tomar la iniciativa

de la unión en la batalla del presente.



En el terreno sindical

El camarada Terracini dice: “No hay que prestar mucha atención a los

socialistas. No hay nada que hacer con ellos. Pero hay que prestar atención

a los sindicatos”. Añade después: “Esto no es nuevo. Ya en el II Congreso

de la Internacional Comunista, se dijo, puede que inconscientemente: la

escisión en los partidos políticos, pero la unidad en los sindicatos.” No

comprendo del todo. He subrayado esta parte de su discurso con tinta roja y

después con azul para expresar mi asombro. “Dijimos en el II Congreso,

“puede que inconscientemente…”



TERRACINI.- Fue en la polémica con Zinoviev… Era irónico; usted no

estaba en la sala cuando yo hablé.



TROTSKY.- Hagamos pues esto a un lado y se lo enviaremos envuelto a

Víctor Méric. Tiene el monopolio de la ironía.



INTERRUPCIONES.- También en Italia se hace lo mismo... ya veis...

También en Moscú.



TROTSKY.- Desgraciadamente, ya que esto me ha inducido a error. ¿No

escindir en los sindicatos? ¿Qué quiere decir esto? Lo más peligroso del

discurso del camarada Renault, que he leído con gran interés, y donde he

encontrado cosas muy instructivas para comprender el estado de ánimo del

Partido Comunista francés, es su afirmación que, en este momento, no

tenemos nada que hacer no sólo con los disidentes del partido sino también

con la CGT reformista. He aquí quien presta un inesperado apoyo a los

anarquistas más torpes, me permito decir, de la CGT Unitaria. En el

movimiento sindical, precisamente, habéis aplicado la teoría del Frente

Único; la habéis aplicado con éxito, y si tenéis ahora 300.000 adherentes en

comparación con los 200.000 de Jouhaux, es en su mitad, estoy seguro de

ello, gracias a la táctica del frente único, porque, en el movimiento sindical,

donde se trata de englobar a los proletarios de todas las opiniones, de todas

las tendencias, existe la posibilidad de luchar por los intereses inmediatos.

Si queremos escindir en los sindicatos siguiendo las tendencias, ello sería

un suicidio.



Hemos dicho: no, este terreno es para nosotros. Como somos

independientes en tanto que comunistas, tenemos todas las posibilidades de

maniobrar, de decir abiertamente lo que pensamos, de criticar a los otros;

entramos en los sindicatos con este concepción y estamos seguros que

conquistaremos la mayoría en un plazo de tiempo determinado.



Jouhaux ha visto que este terreno se le escapaba. Nuestro pronóstico era

completamente justo. Es necesaria la unidad de acción. Era nuestra táctica.

La habéis explicado vosotros mismo diciendo: “Cuando Jouhaux comenzó

su maniobra de escisión, los revolucionarios lo denunciaron ante la masa

como el destructor de la unidad sindical.” Naturalmente, es el sentido de la

teoría del Frente Único. Luchando contra los reformistas, contra los

disidentes, como los habéis denominado, contra los sindicalistas

reformistas y patrioteros, etc., hay que lanzar sobre ellos la responsabilidad

de la escisión, hay que presionarles siempre, obligarles a pronunciarse

siempre sobre la posibilidad de una acción de lucha de clases, hay que

colocarles en el brete de decir abiertamente: “no” ante la clase obrera, hay

que presionarles hacia delante. Hoy en día tenemos una situación; dentro de

dos años puede que tengamos la revolución. En el intervalo de tiempo

tendremos un movimiento siempre más profundo de la clase obrera. ¿Y

creéis que Jouhaux y los Merrheim se quedarán quietos? No, darán un

paso, dos pasos hacia delante y, como habrá obreros que no les habrán

querido seguir, ello provocará en su ámbito una nueva escisión. Nos

aprovecharemos. Es un táctica, naturalmente, una táctica del movimiento,

una táctica muy flexible, pero al mismo tiempo completamente enérgica,

porque la dirección seguirá siendo la misma. Y si creéis, como el camarada

Terracini, que cuando lleguen grandes acontecimientos la unidad de acción

ser realizará por sí misma, no lo impediremos. Pero en la hora actual, no

hay grandes acontecimientos, y no hay razones que se tengan en cuenta en

nuestras propuestas sobre el Frente Único…



TERRACINI.- Nunca he dicho eso.





TROTSKY.- Puede que me haya equivocado, puede que no lo hayáis dicho;

pero este argumento ha sido presentado aquí, lo he visto en las actas

taquigráficas. Se dice: si los acontecimientos se desarrollan… Pero ¿y si no

hay grandes acontecimientos? Ahora bien, afirmo, creo que es un axioma

que uno de los grandes obstáculos a los grandes acontecimientos, uno de

los obstáculos psicológicos para el proletariado, es el hecho que existen

demasiadas organizaciones políticas y sindicales y que no comprenden los

motivos: no ven como podrían elegir. Este obstáculo psicológico tiene una

gran importancia, negativa naturalmente; es el resultado de una situación

que no ha sido creada por nosotros, pero tenemos que ofrecer al

proletariado la posibilidad de comprender la situación. Proponemos a una

organización tal o cual acción inmediata; está completamente dentro de la

lógica de las cosas. Y afirmo que si la CGT Unitaria adopta la táctica que

consiste en ningunear a la CGT jouhauxista, sería el mayor error que se

podría cometer actualmente en Francia. Y si el partido comete este error,

será aplastado bajo su peso, porque 300.000 obreros revolucionarios en los

sindicatos, pero, camaradas, es un mínimo, 300.000 obreros es por poco

vuestro partido a penas doblado por elementos diversos, eso es todo.

¿Dónde está el proletariado francés? Me diréis: “Pero no está con

Jouhaux”. Cierto. Pero yo digo que los obreros que no están en las

organizaciones, los obreros más desencantados o los más inactivos, pueden

muy bien ser arrastrados por nosotros durante una crisis revolucionaria

aguda: pero, en una época de estancamiento, se pondrán más del lado de

Jouhaux, porque, ¿qué representa Jouhaux? La pereza de la clase obrera.

He aquí lo que representa. Y el hecho que sólo tengáis 300.000 obreros

demuestra que todavía queda mucha pereza en la clase obrera francesa.



Aun existe otro peligro. Si la CGT Unitaria simplemente le da la espalda a

la Confederación reformista e intenta conquistar a las masas mediante la

propaganda revolucionaria, peligra con cometer errores como la minoría

revolucionaria ya los cometió. Sabéis muy bien que el movimiento sindical,

las acciones sindicales, son cuestiones muy difíciles de maniobrar; siempre

es necesario pensar en las grandes reservas de masas atrasadas a las que

representa Jouhaux, y si despreciamos a Jouhaux, ello quiere decir que

despreciamos a las masas obreras retrasadas.



Cuestión planteada: el encuentro de las tres internacionales

Hay una cuestión urgente: la cuestión de la conferencia de las tres

internacionales. Camaradas, se dice: “No estamos preparados para esta idea

de colaboración internacional con aquellos que hemos denunciado, con los

de la II y II y media internacionales.”



Sí, convendría preparar los ánimos para acontecimiento de tal envergadura.

Es justo. Esta cuestión ha provocado una viva agitación. Pero ¿cuál es la

causa? Esta Conferencia de Ginebra que ha llegado muy inesperadamente.

Cuando recibimos esta invitación personal dirigida al camarada Lenin fue

un hecho completamente inesperado. Y si esta conferencia llega a

convocarse verdaderamente, si se realiza, la conferencia de Ginebra o de

Roma, entonces, fijará más o menos el destino del mundo mientras la

burguesía pueda hacerlo. Y se sentirá, en el proletariado, la necesidad de

hacer alguna cosa. Naturalmente, nosotros, comunistas, incentivaremos

toda acción posible, mediante la propaganda, mítines o demostraciones;

pero existe entre los obreros, en la clase obrera toda entera, en Alemania,

en Francia, en todo el mundo, el sentimiento, puede que vago, de la

obligación, de la necesidad de hacer alguna cosa para orientar un poco los

trabajos de esta conferencia de acuerdo con los intereses del proletariado.



La Internacional II y media toma la iniciativa de una conferencia y nos

invita a ella. Hay que pronunciarse: sí o no. Si decimos: sois unos traidores,

esto ya ha sido dicho muchas veces repetidas y siempre con justicia. Ellos

nos dirán: “Nosotros, los de la II y los de la II y media, queremos hoy en

día ejercer una presión sobre la conferencia diplomática burguesa mediante

la voz del proletariado mundial; y os invitamos, a vosotros los comunistas.”

Y nosotros respondemos: “Sois unos traidores, canallas (que alguien se

encargue de que esta palabra sea tachada en las actas), y no iremos”.

Naturalmente, nuestro auditorio comunista estará completamente

convencido porque ya lo está. No tenemos, pues, necesidad de convencerlo

de nuevo. Pero los otros, los adherentes a la Internacional II y a la II y

media, ¿hay obreros entre ellos? Es la única cuestión que tiene importancia.

Si decís: “No, los mencheviques han perdido toda influencia en todas

partes”, entonces, no me preocupo de la conferencia de las internacionales

II y II y media. Pero decidlo. De hecho, los obreros que apoyan a la

Internacional II y a la II y media son, desgraciadamente, más numerosos

que los obreros que apoyan a la III Internacional.



¿Qué hacer?

El solo hecho que es preciso tener en cuenta es que Friedrich Adler ha

dicho, dirigiéndose a nosotros: “Os invitamos a participar en una

conferencia que se propone presionar a la burguesía, a su diplomacia.”

Igualmente invitan a los obreros del mundo entero. Si, por toda respuesta,

nos limitamos a decir: “Sois socialtraidores”, será una desventurada

respuesta. Y los Scheidemann, los Friedrich Adler y todos los otros se

dirigirán a la clase obrera y dirán: “He aquí: los comunistas pretenden que

somos unos traidores; pero, cuando nos dirigimos a ellos y cuando les

invitamos a colaborar con nosotros por un corto espacio de tiempo y con

objetivos concretos, rechazan hacerlo.” Lo sabéis, guardo en reserva esta

denominación de traidores y canallas para después, o incluso durante, la

conferencia. Pero no es ahora, no es en la carta de respuesta donde

podemos decir: “Rechazamos porque sois unos canallas y traidores.” ¿Esta

conferencia está completamente asegurada? Lo ignoro. Hay camaradas que

son optimistas al respecto, hay otros que lo son menos. Pero si la

conferencia no llega a realizarse será porque no lo han querido los

Scheidemann. Entonces sacaremos la lección del hecho: “Mirad,

camaradas, diremos, vuestras II y II y media; son incapaces de realizar lo

que ellas mismas proponen”. Y, no sólo nosotros, comunistas, seremos

aplaudidos por nuestros camaradas, sino que una parte de los seguidores de

Scheidemann habrán prestado atención y dirán: “Hay algo, se ha propuesto

un acuerdo, pero los socialdemócratas alemanes no lo han querido”. Y

entonces, la lucha entre nosotros y los Scheidemann volverá comenzar. Los

habremos llevado al terreno más amplio y favorable para nosotros.



No sé, camaradas, si se puede retrasar esta conferencia; es cierto que esto

no depende de nuestros deseos. Para preparar la mentalidad obrera, será

muy importante. Pero ahora se nos propone esta conferencia de Ginebra y

nosotros tenemos que responder.



Y si, en la Federación del Sena, hay un obrero que exclama: “Mi partido

quiere reunirse con Jouhaux. ¡No! ¡Rompo mi carné!”, nosotros le diremos:

“Mi querido amigo, tu has montado en cólera, ahora. Ten un poco de

paciencia.” Y si cierra la puerta, sentiremos mucho su salida pero será su

error. Y, en algunas semanas, cuando lea las novedades de la conferencia

de Berlín, cuando vea que Cachin y los delegados de los otros partidos

comunistas participan en ella, que hablan y agitan de forma comunista;

después, igual que antes, de la conferencia la misma lucha continuará, pero

nuestros adversarios se verán más desenmascarados que antes de la

conferencia, entonces, lo habremos convencido, a él y a todos los otros

comunistas y, al mismo tiempo, nuestro objetivo habrá sido alcanzado. Es

por ello que creo que debemos responder unánimemente, no a través de

fórmulas ya rituales sin cambiar nada sino responder:



“Sí, estamos dispuestos, como representantes de los intereses revolucionarios del

proletariado mundial a intentar, ante esta tentativa nueva de las internacionales II

y II y media de engañar otra vez más al proletariado, a intentar de abrirles los

ojos sobre la política criminal de estas dos internacionales.






Enviado por Enrique Ibañes