Balance de 3 años de gobierno

2009-05-21 - Michelle Bachelet


Señor presidente del Senado,
Señor presidente de la Corte Suprema,
Señor presidente de la Cámara de Diputados,
Honorables senadores y senadoras,
Honorables diputados y diputadas,
Ministros y ministras,
Autoridades e invitados especiales,

Ciudadanos y ciudadanas de mi país:

Vengo ante el Congreso Pleno a dar cuenta de la tarea que hace tres años la Nación me encomendara.

Vengo ante el Congreso Pleno arropada de la confianza que, en el cumplimiento de esa tarea, millones de chilenos y chilenas me han prodigado.

Traigo, más que nunca, una certeza en el espíritu: la certeza de que este sitio en el que me ha puesto la democracia ha permitido derribar prejuicios que ya no encuentran albergue en nuestro Chile.

¡Aquí está una mujer chilena, respondiendo día a día al mandato de la patria!

Y lo digo como mujer de esta tierra, como tantas que cada día, solas o acompañadas, guían, sostienen y protegen a quienes aman. Lo digo sabiendo que esta es una herencia compartida por tantas mujeres chilenas que trabajan por su país y que se esfuerzan por que todos juntos avancemos hacia el desarrollo.

En algunos meses, iniciaremos la celebración de nuestro Bicentenario. Celebraremos con orgullo 200 años de vida republicana.

Pero sobre todo, celebraremos a nuestra gente.

Recordaremos sus vidas y sus sueños, sus penas y sus alegrías; las miles y miles de pequeñas historias de nuestras familias que, al sumarse, dan forma a la gran historia del pueblo de Chile.

Una historia de abnegación, en la que nada ha sido fácil.

Una historia bicentenaria hecha de energía y a la vez de perseverancia.

Porque los chilenos somos gente de esfuerzo, gente que se ha formado en la adversidad.

Somos el lejano país que ha sabido superar el aislamiento del desierto, mar y montaña, integrándose con éxito en el mundo.

Somos la tierra remecida por desastres naturales, como en Chaitén, Aysén o Tocopilla, pero que ha sabido levantarse cien veces –como dijera Ortega y Gasset ante este mismo Congreso– que ha podido reconstruirse, y ha logrado desarrollar redes de solidaridad como pocas en el mundo.

Somos la nación que en un momento triste de su historia perdió la libertad y se convirtió en nación de enemigos. Pero que ha sabido concertarse para restablecer la democracia y hacer de los derechos humanos el fundamento de su convivencia.

Somos el país azotado por crisis económicas que se han ensañado con los más débiles; pero que ha sabido recuperarse de cada crisis y construir los fundamentos de una economía fuerte y sólida que hoy es admirada en el extranjero.

Eso somos y por eso hago este recuerdo.

Porque el recorrido Bicentenario nos muestra que los chilenos somos lo que ese esfuerzo ha forjado.

Ese esfuerzo ha moldeado nuestra identidad. Ha fortalecido nuestras instituciones. Ha hecho de Chile un país de trabajo arduo y persistente.

Hoy vengo a este Congreso en momentos de adversidad.

Vengo a este Congreso Pleno en medio del momento económico más difícil que haya pasado el mundo en los últimos sesenta años.

Una vez más, la historia nos exige aquel temple que nos caracteriza como nación.

Hoy se requiere, más que nunca, unidad y trabajo; solidaridad y eficacia.

No es tiempo de cerrar tienda ni de bajar brazos.

Es tiempo de trabajar más que nunca hasta el último día de mi mandato y desde el primer día del mandato siguiente.

No podemos detenernos.

No podemos permitir que lo que estamos construyendo, aquel camino de progreso y justicia social, quede inconcluso.

En mi primer Mensaje ante este Congreso Pleno, dije que el mío sería un gobierno de transformaciones.

Que más que el cuarto gobierno de una transición exitosa, el mío sería el gobierno del cambio social.

Porque eso es lo que hemos querido hacer, y eso es lo que la ciudadanía comienza a ver: Las grandes transformaciones sociales que ha impulsado mi gobierno.

Hemos avanzado hacia un Estado que protege a las personas. Hacia una existencia más digna para todos los chilenos. Hacia una política cada vez más ciudadana.

Las grandes transformaciones requieren grandes voluntades. Los resultados a veces no llegan de inmediato, por lo que se requiere también, además de la voluntad, perseverancia y sabiduría. Saber hacia dónde avanzar y saber persistir en ese rumbo.

Las grandes transformaciones requieren grandes decisiones. Para construir un Estado social y democrático de derecho, es imperativo asegurar jurídica y financieramente los derechos sociales que dicho Estado reconoce a las personas.

Si uno de verdad quiere impulsar cambios profundos, tiene que destinar muchos recursos, por mucho tiempo.

Y eso ha hecho mi gobierno. Hemos hecho confluir la responsabilidad en el manejo fiscal con la audacia en las políticas sociales.

Y es esa visión la que permite no detenernos en un momento de adversidad.

Esa visión es la que nos motiva a trabajar hoy más fuerte que nunca, trabajar en estos meses de invierno, porque ningún invierno, por crudo que sea, podrá impedir la primavera del Chile del Bicentenario.

Vengo a este Congreso Pleno a proponer que trabajemos en tres líneas centrales:

Primero, trabajar para superar la crisis económica internacional y retomar pronto una senda de crecimiento sostenido.

Segundo, trabajar para que no sean las personas las que sufran los rigores de una crisis que ellas no provocaron y para que podamos consolidar la matriz de protección social que hemos comprometido.

Y tercero, trabajar para que el país salga fortalecido de este momento de adversidad, construyendo las bases de un modelo de desarrollo más dinámico, inclusivo y sustentable.

Todo ello es posible. Pero insisto, debemos esforzarnos ahora más que nunca. Los chilenos y chilenas han puesto su confianza en que nosotros, todos nosotros, gobierno y oposición, haremos nuestro máximo empeño.

TRABAJAR POR RECUPERARNOS DE LA CRISIS

La primera tarea que tenemos para este año es recuperarnos de la crisis económica internacional.

Enfrentar la crisis externa ha sido el norte de mi gobierno en los últimos meses. No hemos escatimado recursos ni medidas. Hemos ordenado nuestra agenda y nuestros equipos con ese fin.

Se trata, como dije, de la peor crisis económica de las últimas seis décadas. En el último trimestre de 2008, las economías desarrolladas vivieron una caída histórica de 7,5 por ciento. Este año esas economías se contraerán en 3,8 por ciento o más. Y a diferencia de otros remezones anteriores, esta crisis se ha vuelto global. Las tasas de crecimiento han colapsado no sólo en Norteamérica y Europa, sino también en Asia, región que era la locomotora que tiraba el tren del crecimiento mundial.

Algunos países otrora estrellas del crecimiento, como los escandinavos, los bálticos y los del sudeste asiático, hoy se contraen a tasas de cinco, diez y hasta doce por ciento. América Latina, África y el Medio Oriente también sufren un fuerte impacto. El Fondo Monetario Internacional estima que este año 2009 la economía mundial, incluyendo a las economías avanzadas y las emergentes, se contraerá en un 2,5 por ciento.

Las consecuencias sociales tampoco se han hecho esperar. Ha subido la cesantía en todo el mundo y se espera, con triste resignación, un alza en la pobreza, el hambre y la indigencia en muchos países.

Qué paradoja más grande: La crisis de la riqueza generará más pobreza.

La crisis desnuda la insuficiencia de un paradigma económico. Un enfoque que hizo del egoísmo su virtud central y de la pasividad su modelo de política pública.

Es la crisis, como ya hemos dicho, de la codicia y la especulación como valores rectores del sistema.

Es la crisis del mercado cooptado por el interés particular en desmedro del bienestar colectivo.

En Chile, desde hace tiempo no pensamos así.

Desde hace tiempo hemos dicho que el mercado debe ir acompañado de una mayor deliberación democrática y que el crecimiento debe ir de la mano de una mayor equidad.

Hemos resistido el vendaval con fuerza, pero nos ha afectado como a todas las naciones del mundo. A fines de 2008 el país sufrió una brusca desaceleración, seguida de un alza del desempleo.

Con todo, nuestra economía ha sido tocada en menor magnitud que otras similares. Este año nuestro desempeño será mejor que el de nuestros socios comerciales. Acaba de ser publicado el ranking de Competitividad Mundial de Suiza, que señala que Chile está dentro de las quince economías mejor preparadas para enfrentar la crisis. El Fondo Monetario Internacional estima que Chile será el país que más rápido se recuperará en América Latina.

Y esto, la verdad, no es casualidad. Es fruto de la acertada conducción de los últimos años.

¿Recuerda este Congreso Pleno lo que dije hace exactamente tres años, en este mismo podio?

Dije que los recursos extraordinarios del cobre no los podíamos dilapidar. Que teníamos que ser prudentes. Que las grandes transformaciones que queríamos impulsar nos exigían la mayor sabiduría, porque la prosperidad no dura para siempre.

Hubo críticas a esa política. Nuestra apuesta de manejo prudente de las finanzas públicas, de dotar de una institucionalidad a los fondos del cobre y de pensar en el desarrollo futuro y no en el aplauso presente, no fue siempre bien entendida.

Y yo quiero decir aquí que los chilenos debemos felicitarnos por haber hecho oídos sordos al populismo.

¿Y en qué pie entonces nos encontramos hoy?

En el mejor pie que uno pudiera esperar para enfrentar una crisis de magnitud global.

Con la casa ordenada y las cuentas en regla.

Con políticas sociales financiadas.

Con reservas para aplicar políticas económicas contracíclicas.

¡Qué distinto se enfrenta la crisis de hoy!

Lejana se ve la época en que las crisis se enfrentaban ajustando el cinturón, recortando el gasto, subiendo las tasas de interés y eliminando beneficios sociales.

Es claro el cambio de paradigma. Es claro que las cosas hoy se hacen de manera distinta.

En ese espíritu hemos llevado adelante un plan de recuperación económica en diversas etapas, con diversas medidas.

Comenzamos con un seguimiento cuidadoso de las condiciones de liquidez en nuestra economía. Cuando hubo que actuar, lo hicimos rápidamente.

Luego anunciamos instrumentos para fortalecer un sector tan importante y dinamizador como es el sector inmobiliario, a través de la ampliación del subsidio habitacional hasta las dos mil UF, lo que sirve, además, para apoyar a la clase media en momentos en que ella justamente requiere todo nuestro apoyo.

También emprendimos acciones Pro Pyme, como la ampliación del Fondo de Garantía para Pequeñas Empresas, Fogape, y la capitalización del BancoEstado, las que están aprobadas y en marcha.

En enero de este año pre